domingo, 11 de octubre de 2009

Herman Fandrich: un inmigrante (Parte Final)

En 1956 y 57 la empresa de Fandrich estaba en expansión; el movimiento de pasajeros se percibía en Av. Rocamora, que a veces adquiría ribetes de fiesta. A su vez la terminal de calle Rioja se había convertido en punto de reunión para los gualeguaychuenses en Bs. As. Llegaban allí para buscar trabajo o por familiares enfermos. A veces el trabajo no aparecía, el enfermo se agravaba y se requería alguna ayuda. Y ahí aparece el aspecto humano que aquellos viajeros, hoy viejos, recuerdan con gratitud. Coca Boggiano ayudaba a muchos copoblanos y más de una vez, terminaba alojándolos en su departamento. Herman por su parte no cobraba el pasaje a quienes acreditaran real necesidad, en lo que colaboraba la Policía. Ese rasgo solidario resaltó más aún en 1956 durante la gran epidemia de poliomielitis cuando no existían vacunas.

El personal de Fandrich:

Entre los choferes más antiguos –de El Zeppellin- estaban Ricardo Felipe Irazábal, su hermano Héctor, Amadeo Jaurena, Ramón Adriel, Ramón González, Farabello y Martínez (luego encargado en Bs As). Enrique Delcausse se incorpora con la línea a Paranacito y despúes, Ramón Quittet. En la etapa del Expreso Urquiza ingresaron Juan Carlos Pretto, los hermanos Quintana, Machuca, Chichito y Pirincho Peñalva. Los mecánicos: Sayas Esponda, Balbi, y guardas: Francisco Irazabal y Antón. En la venta de boletos en Bs. As estaba Gerardo Cafferata y Carlos Diegui; acá lo hacía Oscar Cafferata.

La peña de los viernes:

No todo era trabajo; también había lugar para la camaradería. Los viernes se reunían en Av Rocamora los amigos de Herman: Carlos Fischer, Juan Francisco Vallejo, Carlos y Jorge Barel, Jorge Duboscq, Andrés R. Tape Rivas – mi padre- Longino Pérez, Piche Elgue, Aldo Pío Vanotti, Guillermo Zuloaga, Alberto Negrette, Luis Boggiano, Peruco y Lalo Suilar. Por si alguno tenía problemas manducatorios, concurrían tres dentistas: Facundo Riera, Micho Grané y Chocho Elgue. Conociendo aquellos singulares personajes, fácil es concluir que no serían reuniones aburridas.

Frente de tormenta

Apareció cuando todo parecía encaminado y el futuro se presentaba promisorio. Un día, a fines de los 40, visitan a Herman Fandrich unos señores que a nombre propio y de otros de Bs. Aires y nuestra ciudad, ofrecen comprarle la exitosa línea. Él no lo había pensado ni tenía motivos, pero en las tratativas surgieron algunos ingredientes de lo que llamamos adquisición hostil. Mas grave aún, se le insinuaron algunas consecuencias para el caso de mantener la negativa, aludiendo a su condición de alemán y una posible deportación. La intuición de Coca, le hizo ver que aquello era complicado y finalmente la línea se vendió a la sociedad Zeta” en la cual Herman quedó como Vicepresidente, hasta que se autorizara su transferencia. Con el precio obtenido adquirió lotes en Islas del Ibicuy, una casa a Natalio Guastavino y la finca frente a Plaza San Martín donde había funcionado el Teatro 1° de Mayo. No terminó ahí ese revés; los socios administradores en poco tiempo vaciaron la empresa y se fueron. Los restantes, promovieron un juicio contra Fandrich, que lo obligó a desprenderse de esos inmuebles- Perdíó todo: la línea y lo obtenido por ella. La finca de calle Urquiza se la vendió a mi padre, Andrés R. Rivas, en 1953, quien en ella edificó nuestra casa familiar. Luego, con la asistencia profesional del Dr. Héctor Domingo Maya, ex Gobernador, logró revertir en parte esa situación. Pero había perdido lo principal, la línea que él había hecho crecer. Como una compensación menor, obtuvo la provincial, que unía Gualeguaychú y Paranacito. Casi de la nada, empezó con dos coches chicos y viejos, un Chevrolet 36 y un Ford 38, que debió reconstruir. El Ford lo manejaba Enrique Delcausse.

Según reveló Coca mucho después, en una interesante entrevista de Fabián Magnotta, en aquel desprendimiento tuvo que ver la política. Algo de eso debió haber ocurrido, porque cuando cambiaron los vientos en 1956, volvió a obtener el servicio directo a Bs. As. En 1957 vendió la línea de Islas a Sebastián Iregui y Pascual Ramón Orellano.

Alemán paga “costo argentino

Una de las condiciones que le imponía la Secretaría de Transportes de la Nación, era que sólo podía utilizar vehículos de 30 asientos como mínimo. En un gran esfuerzo empresario Herman adquirió a Deolindo M. Gavagnin dos unidades Volvo 0 Km. Pero ¡oh sorpresa! Otro Ministerio -el de Obras Públicas- del que dependían las balsas no se los admitió por exceder 9.000 k de peso. Lo que un área gubernamental le exigía la otra se lo rechazaba. Finalmente, a uno tuvo que malvenderlo y el otro quedó en Gualeguaychú. No era ese el único costo argentino: otro era la burocracia capitalina y los trámites absurdos con que se complicaba a quien quería trabajar. Por ejemplo: con mucha anticipación a las fechas pico, había que solicitar, uno por uno, el permiso para cada refuerzo de los servicios.

Ave Fénix

Pese a esos inconvenientes la línea de Fandrich volvió a su antiguo esplendor, aunque ahora con otro nombre. Le sugirieron cambiar el de Zeppelín, por ciertas connotaciones del pasado reciente y eligió uno que nadie discutiría: Expreso General Urquiza. En esa nueva etapa compró dos Bussing nuevos, tan modernos, que tenían la palanca de cambios al volante y el motor abajo, tacómetro y frenos de aire. Pero al igual que los Leyland que vinieron después, no eran para estos caminos: con motor abajo, la tierra los hacía trizas.

El golpe final

E inesperado. Cuando todo se reencauzaba y nada negativo se veía en el horizonte, tuvo que caerle a Herman el peor y más imprevisto de los males, esta vez del lado de la naturaleza. La gran creciente de 1959 mantuvo la ruta cortada durante seis meses. Imposible revertir tan largo parate. No obstante, volvió a la actividad y aún cuando se le otorgó el alargue a Concordia, la enorme deuda generada resultó imposible de remontar. Y así, con gran pesar, el 15 de septiembre de 1960 la línea de colectivos con todo su patrimonio se vendía a una sociedad capitalina integrada por los Sres. Manuel Santos García, Di Tolve, Rodolfo Piñeiro, Denisar e Ismael Mirol. Este último –(a) el colorado- ase integró mucho a la vida comunitaria y deportiva de Gualeguaychú. Venían con mucho empuje: al poco tiempo adquirieron también el Expreso Entre Ríos a don Claudio Méndez Casariego.

DON HERMAN

Con el saldo obtenido compró al Dr. Borzone el terreno de Bolivar y Pellegrini (NE) donde levantó una estación de servicio. En 1970 la vendió a la compañía de la los combustibles que expendía. En sus últimos años -perdida su fortuna- instaló un pequeño taller metalúrgico, donde fabricaba protectores de parabrisas, chisperos para estufas de leña etc. Aún conservo aquella imagen: delantal de trabajo y antiparras. Y manos dándole formas a los fierros. Para nosotros, era Don Herman. El hombre que había avizorado el futuro con visión acertada y que no sólo nos había trasladado a otras terminales: también nos había trasladado a la modernidad. Pero a una modernidad que aún preservaba los valores de la sensibilidad social y la solidaridad. Aquel hombre de empresa pasó sus últimos años en austera cotidianidad, honrando una de sus convicciones más profundas: el significado del trabajo. Hasta el final, en Noviembre de 1985.

Por eso, nuestra admiración y respeto. Muchas gracias Don Herman: le debíamos esta recordación.


3 comentarios:

  1. hola Gustavo, deceo contactarme con usted pero no encuentro un mail donde escribirle, mi correo es documentosrec@gmail.com mi nombre es Leandro, espero que me escriba para poder hacerle una consulta histórica referente a una escuela rural.
    gracias

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Que emocion leer los nombres de mi tío y mi papá (Chichito y Pirincho Peñalva) fue como tenerlos con vida una vez más...
    María Carolina Peñalva (mistejadosverdes@hotmail.com)

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