ANTES DE LA DIFUSORA.
Un empresario innovador.
Y bien. En la década anterior -allá por 1947- un joven
veinteañero había montado una empresa publicitaria, talvez la primera que hubo
en Gualeguaychú. Y además, innovadora, en cuanto a los recursos técnicos que
empleaba.
Roberto Carlos Rudecindo Grecco, nació el 1 de Marzo de 1916. Era hijo de Francisco Grecco y Elena Clementina Estrampes.
Don Francisco era uno de los peluqueros más conocidos de la ciudad (con Juan Giovanetti, Macho
Peralta, Edelmiro Rivas, Meco Farabello,
Evaristo Martinez, Arcusín, entre otros) y tenía su local en 25 de Mayo
casi España, parte de lo que había sido la residencia del Gral. Urquiza y hoy
sucursal del Banco de Entre Ríos. Sus hermanos mayores eran: María Elena, esposa de Don Carlos Riera, Francisco Toto, y le seguía Eduardo.
En 1948 se unió en matrimonio a Cecilia Aurora Silva –Quica- del
que nacieron María Elena, en 1951 y Roberto
Beto, en 1953.
Aquella empresa unipersonal, desde sus inicios y hasta
1951, se denominaba Grecco Publicidad
y luego cambió por Organización
Publicitaria Grecco. Su innovación técnica era la utilización de
amplificadores y parlantes montados en un auto Wippe muy moderno y vistoso, por las partes de madera barnizada que
ornamentaban su carrocería.
Por aquellos años, estos
equipos eran una novedad. Recordemos que en nuestra ciudad, hasta los años 30,
las orquestas actuaban sin amplificación. Recién a fines de esa década se
introdujeron en Gualeguaychú los primeros equipos, que eran muy distintos de
los actuales. En el corazón de su sistema, los electrones debían pasar de un
ánodo a un cátodo en el interior de un tubo al vacío, llamado comúnmente válvula. Esto requería unos minutos de
calentamiento previo para empezar a rendir. Era el mismo sistema que utilizaban
las radios hogareñas y que hoy perfeccionado, se emplea nuevamente en los
equipos de sonidos de alta fidelidad. En 1948 la ciencia mundial había dado un
gran paso (por entonces sin repercusión), cuando tres ingenieros de la
empresa telefónica Bell de Estados Unidos, inventaron el transistor, un pequeño
adminículo en el que los electrones, en vez de saltar en el vacío, transitaban
por una superficie de material semiconductor (silicio). Cuando la innovación
del estado sólido empezó a difundirse, se lograba rapidez, economía de consumo, menor
calentamiento, mayor vida útil y menos tamaño. Los resultados no fueron
inmediatos; recién una década después, fines de los 50, llegaban a nuestro país
las primeras radios Spika fabricadas
por los japoneses que se adelantaron a los norteamericanos en la aplicación
práctica de aquel gran invento de ciencia básica. Ello permitió luego -con más
ahinco en la década de los 70- el paso a la miniaturización y se posibilitó así
el avance de la computación, que al incorporarse a los demás inventos
existentes, empezaba a convertirlos en
inteligentes.
Pero volvamos la amplificación de Grecco: para la reproducción
de la música, el grabador no había llegado aún a Gualeguaychú. Por entonces,
aquella venía grabada en discos de pasta de vinilo que giraban a 78 vueltas por
minuto. Luego, a fines de los 50, se modernizaron al aparecer los discos de 45
revoluciones por minuto y los llamados long
play de 33 r.p.m. Yendo más atrás en el tiempo, cabe recordar que antes de
llegar la amplificación electrónica a nuestros pagos, en los hogares la música
se escuchaba por medio de discos en victrolas manuales. Había que darles cuerda
y el sonido surgía de una membrana vibratoria, sin uso de electricidad. Estaba
incorporada al brazo, en cuyo extremo inferior se fijaba la púa metálica, que
debía cambiarse luego de varios discos. En la bandeja giratoria entraba un
disco por vez; los de 78 rpm (vueltas por minuto) contenían un solo tema por
cada lado, terminado el cual, había que parar para darlos vuelta manualmente.
Recién a fines de los 50 aparecieron los primeros tocadiscos eléctricos. Los Wincofón, trajeron una notable innovación:
cargaban varios discos juntos e iban cayendo de a uno, mientras el brazo se
levantaba para volver a posarse en el inicio del disco siguiente. Era una de
las primeras muestras de la robótica, que llegaba a nuestros hogares. Nos
quedábamos mirando largo rato, como el
perro de Betolaza, admirando esa maravilla tecnológica. Casualmente
era la Casa Betolaza, la principal
proveedora de discos, radios, y victrolas. El legendario perro, no era una mascota de Don Enrique, su fundador, sino
el emblema publicitario de la RCA Victor, conocido en todo el mundo,
porque meneaba su cabeza frente a una victrola de esa marca. Betolaza tenía uno
en la vidriera de su local.
Y bien; todo esto era una fuente de dificultades para
Roberto Grecco y para quienes luego incursionaron en esa actividad. ¿Por qué?
La mayor parte de las calles de la ciudad
eran de tierra; sólo las del centro que corrían de Este a Oeste estaban
pavimentadas y casi todas las transversales eran empedradas con adoquines o
piedras más rústicas. Ello dificultaba la circulación del vehículo publicitario
porque, unido a que su amortiguación era muy dura, provocaba frecuentes saltos
del brazo con la púa. Si se procuraba paliar el inconveniente agregando peso al
brazo, el disco se rayaba prematuramente
y quedaba inutilizado. Por lo tanto, en calles desparejas, había que detener el
vehículo para pasar la música y después se avanzaba para hacer la locución
publicitaria. Dado que no había grabadores, el locutor debía hacer la
publicidad en vivo frente al micrófono
y atender el cambio de los discos, o púas.
Más aún se dificultaba la labor, cuando además -no
siempre- el mismo operador debía
conducir el vehículo. Pero con dos
atenuantes: por entonces no había
norma que lo prohibiera y no era necesario concentrarse
tanto: el parque automotor era muy reducido.
Para hacer la locución del
rodante, Grecco incorporó desde el comienzo a un jovencito de 15 años con
muchas inquietudes quien abandonó el Colegio Nacional en tercer año
para trabajar con él; era Gerardo Raúl
Pugliese y tenía una condición natural que por entonces era más que
suficiente: una voz microfónica excepcional. Ese era el único requerimiento por
entonces, en que no se necesitaba otra preparación profesional. ¿Por qué?
Muchos de los que se fueron incorporando después a la actividad no habían
completado sus estudios secundarios y sin embargo, leían correctamente de corrido, además de su buena
ortografía. Porque la enseñanza primaria argentina, era todavía la más avanzada
del continente. Totó Pugliese trabajó
unos años en rodante y luego cuando luego inició su actividad la Difusora
Grecco, fue el primer locutor de la nueva empresa. Quiso la casualidad que la
difusora se inaugurara el 16 de de diciembre de 1953, justo el día que Totó cumplía 21 años.

Fue el primero de una joven generación que vino a romper
el unicato de los dos locutores que hasta entonces hegemonizaban esa profesión
en Gualeguaychú: Carlos Aurelio Cepeda
(a) El Pato y Alfredo Durand Thompson (a) Pelotilla. No había hasta entonces,
voces femeninas.
La mayor parte de esa nueva camada, como luego veremos,
pasó a integrar los medios que vinieron después, como la radio y la televisión
y son hoy, ya mayores, las voces emblemáticas que escuchamos los
gualeguaychuenses. Pero la mayor parte de ellos, se inició en la Difusora
Grecco.