
Luis Benitez con Roque Pesce y Esteban Podesta en la inauguración del monumento al Agricultor en Urdinarrain.
La jornada del 8 de Abril de 1969 se inició en Gualeguachú con una noticia que conmocionó a la comunidad: en un accidente de moto, había fallecido Luis Benítez. Tenía sólo 28 años; ya era un escultor de prestigio dentro y fuera de la ciudad. También cultivaba otras expresiones artísticas: teatro, poesía, pintura. Era además, un carrocero de alma. Muy conocido y querido por sus talentos artísticos y su condición de persona de bien, generosa y afable; tenía amigos por todos lados. Han pasado cuarenta años y como las nuevas generaciones de nuestro Gualeguaychú en crecimiento no lo conocieron, le dedicamos esta nota, que es la primera, en una serie de personajes valiosos que tenemos un tanto olvidados.
Hijo de Antonio Benitez y Carmen Cardoso, nació el 8 de Noviembre de 1941. Tenía tres nombres: Luis Antonio Severino. El primero, por Luis Boggiano -su padrino- el segundo, por su padre y el último, por el almanaque, como se estilaba por entonces. Era el mayor de seis hermanos y desde su más temprana infancia se dedicaba a hacer figuras de barro. A su pedido, cuando tenía cinco años, su madre le regaló el primer horno para las figuras y juguetes que modelaba. Empezó su ciclo primario en la vieja Escuela 42 (la de Bozzano) hoy N° 35 República de Chile, cercana al hogar. Instalados en la calle San Juan, frente a Independiente, completó la primaria en la Escuela Gervasio Méndez.
Autodidacta, con empeño perfeccionó sus técnicas y conoció los diversos materiales. Su sueño era ser un buen escultor. Terminó sus estudios de Perito Mercantil en el Comercial Nocturno de la Escuela Normal O. V. Andrade. Allí se vinculó a alguien que ya conocía de su nuevo barrio: Pablo Tito Haedo quien le contagió una pasión que iniciaban los estudiantes de entonces: las carrozas estudiantiles. No sólo fue un alumno excelente sino muy activo e integrado a la comunidad educativa, como miembro del Club Colegial. Así lo recuerdan muchos profesores, como p.ej., Luis Borgogno. Durante el día trabajaba y uno de sus empleos fue el de cadete en el estudio jurídico del Dr. Lucio J. Martínez Garbino. Integró varios elencos de teatro, entre otros, el que dirigía Don Alfredo Angelini, junto a Silvia Echandi, Alfredo Muñoz, Mario Roberto Bonzón, Chichito Lapalma, Delmo Carrozo, Haydee Garro y Nelia Cesarino. Formó parte del equipo que conducía Marco Aurelio Rodríguez Otero para las jornadas artístico literarias “Del Rosa al Plateado” que realizaba en el salón de la Biblioteca López Jordán con Pebete Daneri, Elvira Bugnone, Antonio Romero Frávega, Ignacio H. Bértora y Horacio Arnolfi, entre otros. Luisa Delfino y él eran los más jóvenes. También pintaba y era cultor de la poesía; recitaba poemas de Gustavo García Saraví y dejó escritos algunos propios. Cuando sobrevino su muerte, empezaba el tercer año del Profesorado de Literatura en el Instituto Sedes Sapientae. Era un entusiasta y se anotaba en cuanto concurso de arte había. En 1966 con otro de sus amigos, Mario Fischer, tomaron a su cargo la confección de todos los pasacalles y ornamentación para el corso de la calle 25. Con la ganancia, se fueron de veraneo a Punta del Este, en un viaje lleno de anécdotas. También es de su autoría el emblema de la Biblioteca López Jordán.
A los veinte años, ya era un escultor reconocido y como tal, tenido en cuenta para trabajos de la mayor responsabilidad. Así, en 1966, un año después de la inauguración del Rincón de los Poetas en
Unos meses antes de morir, realizó su obra más importante. En 1968 Urdinarrain era sede de la Fiesta Provincial de
Todo era futuro para él. Por eso, aquel 8 de Abril, nadie podía entender. Fue un accidente absurdo, cuando salía para ir a su trabajo en
Su talento, la fortaleza conque enfrentó y superó una limitación física y sobre todo, su nobleza moral y espiritual, constituyen un ejemplo de autosuperación y entrega generosa a la vida. En su homenaje, dejamos este testimonio.